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Historia de la defensa del Río Castril

Los orígenes

La codicia por las aguas del río Castril viene de antiguo. Desde el siglo XVI se pretendió llevar las aguas de los ríos Castril y Guardal  para regar los campos de Lorca, Totana, Cartagena y Murcia a través de un canal navegable. Este proyecto, que se mantendría durante los tres siglos siguientes, fue continuamente retomado pero las dificultades orográficas, la elevada cuantía económica y la insuficiencia de caudales impidieron su realización a pesar del empeño con que los murcianos presionaron a los gobiernos de turno.

El proyecto contaba con la oposición del Duque de Alba que desde 1513 había recibido el señorío de Huéscar y deseaba utilizar las aguas de los dos ríos para el riego de sus tierras, para los lavaderos de lana y para el traslado de  la madera de sus montes hasta Sevilla. Alegaba que los ríos deberían correr por donde siempre lo habían hecho y que sus pueblos recibirían pérdidas de más de diez mil ducados.

En el siglo XVIII el Marqués de la Ensenada encarga a Sebastián Ferigán Cortes, uno de los más prestigiados ingenieros militares de la nación, la revisión del proyecto que completaría  el francés Pierre Pradez con la autorización de Carlos III. Se construyeron un total de 29 km de canal en la zona de Huéscar, muchos de ellos con presidiarios penados por la Justicia.

Durante el siglo XIX se intentan aprovechar las obras existentes para el aprovechamiento del agua en la comarca de Huéscar y el canal pasa a llamarse Canal de Bugéjar, por llamarse así las tierras que pretendían regarse.

Durante la dictadura del Primo de Rivera, en 1928, el canal toma el nombre del Dictador y contempla también trasvasar agua a las vegas del Almanzora en Almería. Pretendía repartir el caudal total aforado de 5m3/s de la siguiente forma: 2m3/s para el mantenimiento y mejora de los regadíos de la propia cuenca; otros 2m3/s  a la vega del Almanzora y el metro cúbico restante para la vega del Guadalentín en Lorca. Este reparto motivó las protestas de la ciudad de Lorca que trató por todos los medios de hacer valer sus “derechos históricos” al agua de los ríos Castril y Guardal para regar sus campos.

Quedan así perfilados a partir de este momento los tres grandes destinatarios de las aguas del río Castril que en los proyectos sucesivos harán valer sus presiones para conseguirlas. La estrategia futura de la Administración  será prometer el agua a la comarca para que se consientan las obras aunque el destino final siempre se ha sospechado que serían las cuencas del Almanzora y del Guadalentín, en Almería y Murcia respectivamente, donde el agua tiene mayor valor especulativo.

Esta pretensión de trasvasar agua hacia las tierras murcianas se continuaría debatiendo hasta 1960 fecha en la que las miras se enfocan hacia otras cuencas con caudales más seguros como los del Tajo y los del Ebro.

 

Manos a la obra

En 1980 se aprueba el “Plan de Aprovechamiento Integral de los ríos Castril y Guardal” que ha llevado a la construcción del pantano de San Clemente en el río Guardal (120Hm3) y al del Portillo en el río Castril (30Hm3).

El pantano de San Clemente  es una muestra de la incompetencia de los ingenieros que lo proyectaron y realizaron pues son tales las fugas que se producen en el vaso que su nivel de almacenamiento es mínimo, incluso en años lluviosos.

El pantano del Portillo ha ocasionado un enorme daño medioambiental por la destrucción de los ecosistemas inundados, por la alteración de la dinámica natural del río aguas debajo de la  presa y por los daños paisajísticos que generó su construcción, aún no reparados. A pesar de estos graves perjuicios, apenas hubo oposición a la obra ya que prometía puestos de trabajo y los regantes de la vega creyeron contar con los beneficios de regular el río y protegerse de las avenidas. Las siguientes fotos muestran el estado del río antes de la construcción del pantano.

Puente del Rincón abril 1990

 

Portillo marzo 1989

Charco tres hierros julio 1988

Cerrada Portillo vertical marzo 1989

 

 

Alcantarilla febrero 1997

Valle del río zona Portillo abril 1990

   

El túnel del trasvase

El “Plan de aprovechamiento integral de los ríos Castril y Guardal” contemplaba  trasvasar la totalidad de las aguas del nacimiento del río Castril a través de un túnel de 5km que atravesaría Sierra Seca hacia el pantano de San Clemente. Su promotor es Joaquín Delgado, ingeniero jefe de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, secundado por el alcalde de Castril  Rafael Martínez Gázquez, firme defensor del proyecto a pesar de la oposición  mayoritaria de sus vecinos. Una situación, la de alcaldes a favor de la Administración y en contra de sus pueblos, que por desgracia se repite en la actualidad con José Juan López Ródenas…

De realizarse el trasvase se destruiría el río Castril cuyos valores ecológicos, paisajísticos y culturales habían motivado la declaración de Parque Natural. El proyecto es tan dañino que rápidamente activa la conciencia medioambiental y lleva  a la unión de los grupos ecologistas de la comarca en la Coordinadora Ecologista de la Alta Andalucía.

Durante el verano de 1994 la intensa labor de concienciación ecologista logra motivar a toda la población en manifestaciones multitudinarias en Castril y Cortes, de las que se hacen amplio eco los medios de comunicación. Las siguientes fotos, reflejan varios momentos de las manifestaciones que tuvieron lugar en Castril y Cortes en el verano de 1994.

Para la defensa del río hay argumentos poderosos. Entre ellos un estudio elaborado por el Instituto del Agua para evaluar el impacto de la obra en el entorno natural y cuyas conclusiones son demoledoras para el mantenimiento del equilibrio ecológico del río y de la flora y fauna a él asociada. Además, se asegura que los cálculos de caudales del río eran erróneos pues databan de varias décadas atrás y no tenían en cuenta la reducción progresiva de la pluviometría fruto del cambio climático.

Hay que aclarar que los responsables del movimiento social contra las obras del trasvase no se quedaron en la mera oposición sino que plantearon proyectos alternativos para utilizar las aguas del río Castril siempre que no dañasen el río. Surgió así la idea de bombear agua desde el pantano del Portillo para regar las tierras de Castril y cederla al resto de la comarca. Castril se mostraba así solidario pero entendía que el beneficio económico que reportaría el agua a los demás pueblos no podía pagar el precio de la destrucción del río. Cualquier proyecto de aprovechamiento del río tendría que respetar la condición de fuente de vida y de cultura del río y no reducirlo a mero recurso.

Con este motivo, el grupo ecologista Tañasca presentó en 1995 una queja a la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo.

Ante la presión ciudadana y dada la irracionalidad manifiesta del proyecto la CHG decide suspender su tramitación administrativa que entonces de encontraba en fase de exposición pública. Todos los colectivos implicados en la defensa del río acogen la noticia con júbilo pero con cautela, conscientes de que la codicia por las aguas del río Castril viene de antiguo  y de que crecerá en el futuro.

En febrero del año 2000 recibimos contestación del la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo comunicándonos que las autoridades españolas habían decidido abandonar el proyecto y que cualquier otra alternativa futura debería surgir de un consenso entre las partes afectadas.

 

El canal

En el año 2002 surge otra nueva amenaza para el río Castril, esta vez para su cauce bajo, en forma de canal de 20 km que pretende extraer un volumen de agua de 3m3/seg. Este canal –presupuestado en 22,6 millones de euros- atravesaría mediante un sifón el pantano de Negratín para regar 8.000 hectáreas en la zona de Baza y se uniría al canal de trasvase Negratín-Almanzora  que conduce agua al litoral almeriense. Un volumen de agua tan grande no hace sino sospechar que su destino es un trasvase entre estas dos cuencas.

De nuevo una fuerte oposición de los vecinos de Cortes y Castril consigue mostrar lo absurdo de un proyecto que pretende conducir el agua de forma paralela al río cuando éste lo hace de forma gratuita y generando un ecosistema muy valioso. Se presentan más de un millar de alegaciones por incumplir las directivas comunitarias relativas a la conservación de los hábitats naturales y se sugiere la alternativa de que el agua siga su curso y se bombee del Negratín con las infraestructuras ya existentes. De esta forma el metro cúbico sería más barato que si se tuviese que pagar la amortización de las obras.

Paralelo al intento de construcción del Canal, surge en 2002 el proyecto de acondicionamiento de los márgenes, reforestación y estabilización del cauce del río Castril que pretende sustituir la función que cumple la vegetación natural por el hormigón.

Contra estos proyectos de pronuncia el Instituto del Agua de la Universidad de Granada diciendo, en palabras del profesor José María Castillo, que “es una auténtica barbaridad ecológica, un monstruoso despilfarro económico, un fragante ilegalidad y una inutilidad social”.

Con esta tradición de defensa del río no es de extrañar que en la actualidad las obras de la construcción de la tubería avancen sin proyecto conocido, sin fase de información pública y sin que los afectados podamos presentar alegaciones. Con la excusa de que el agua servirá para consumo potable y por vía de urgencia, la Administración pretende alcanzar los mismos objetivos que ha perseguido siempre.

 

Conclusión… ética

Históricamente, el río Castril ha sido aprovechado de manera respetuosa por los regantes de su cuenca. No se nos puede acusar de insolidaridad por no querer que se lleven el agua ya que ésta nunca se ha quedado retenida en Castril sino que ha corrido río abajo fecundando  las vegas del Guadiana Menor y del Guadalquivir –que, no nos olvidemos, son cuencas deficitarias-.

El nivel de conciencia actual impide realizar proyectos trasnochados heredados de la época del desarrollismo. La Naturaleza ya no es fuente inagotable al servicio de una razón reducida al cálculo de los medios con que extraerle el máximo de rentabilidad económica. Hoy día, desenmascarado como ideológico el optimismo del progreso económico, se nos revela la fragilidad de la vida y el agotamiento y caducidad de nuestra actitud depredadora. Las ideas con que nos representamos la realidad han ganado el nivel de la contemplación estética y la acción ética que implica un compromiso activo en no interferir –o hacerlo de manera respetuosa- en el desenvolvimiento de lo vivo y sus lazos con todo lo que lo sustenta.

Andrés Iruela Sánchez

 

 

Hemeroteca de los últimos 15 años

Sobre el Pantano del Portillo:

Manifestaciones por el transvase (1994):

Denuncias ante el Parlamento Europeo (1995):

Manifestaciones por el canal (2003):